Invisibles. La vida en los bateyes

Invisibles.

Durante más de cien años, los haitianos han cruzado la frontera que los separaba de República Dominicana en busca de trabajo y mejores condiciones de vida.

Hoy, más de 200.000 hatianos viven en condiciones precarias, con un acceso limita- do a los servicios básicos de salud, educación, electricidad y agua. Actualmente, la mayoría de la población carece de agua potable, además, casi la mitad de los niños no poseen certificado de nacimiento y una gran parte de los adultos no posee documento de identidad.

Entre 1931 y 1961, el dictador Rafael Trujillo creó el sistema batey tal y como hoy lo conocemos: los trabajadores haitianos son trasladados a las plantaciones de caña de azúcar durante las épocas cosecha estacional a fin de minimizar el coste de la mano de obra. Tal sistema está destinado a satisfacer la creciente necesidad de exportar azúcar de manera rápida y barata.

Los grandes territorios alrededor de los ingenios –complejos azucareros– han sido deforestados para plantar caña de azúcar. Lo que antes eran tierras para el cultivo y la ganadería, son ahora grandes extensiones de cultivo. Las grandes corporaciones azucareras controlan estos territorios y están integradas en la vida política del país.

Muchas familias humildes dominicanas han sufrido desalojos con el fin de ampliar el territorio de explotación. Esto está provocando una gran crisis de despoblación. Además, la tala indiscriminada para plantar caña de azúcar tiene graves consecuencias climáticas.

 

La vida en los bateyes.

Las condiciones de vida en los bateyes son deplorables. Las que en un principio estaban destinadas a ser viviendas temporales durante la cosecha –zafras¬– hoy se han convertido en el hogar permanente de miles de personas que deciden no volver a Haití al finalizar la temporada dada su escasez de medios.

Cada día los trabajadores hacen jornadas de doce o catorce horas cortando la caña de azúcar en unas condiciones muchas veces infrahumanas. Estos cañeros realizan la tarea a mano y en condiciones climatológicas extremos. Muchas veces se ven obligados a trabajar enterrados hasta las rodillas en el fango, donde suele haber ratas, serpientes y otros animales.

La vida familiar en los bateyes es complicada. Allí conviven diferentes generaciones en situaciones diversas: haitianos que emigraron para buscar un futuro mejor o sus propios descendientes que, aunque han nacido en República Dominicana, solo consiguen la nacionalidad si sus padres pueden pagar un certificado de nacimiento, lo cual solo ocurre en contadas ocasiones.

Otro de los problemas graves es la educación. Los niños van a la escuela durante la primaria, pero no tienen acceso a estudios superiores sin una documentación reglada, lo cual provoca un período de vacío en sus vidas hasta que pueden incorporarse a la vida laboral.

Las circunstancias expuestas en esta presentación ponen de relieve la necesidad de denunciar la compleja situación en la que viven las familias haitianas. Este trabajo busca ser un altavoz para los que más lo necesitan, a fin de que podamos ser sensibles a sus realidades: son historias de sudor, sangre y azúcar retratadas desde la cotidianeidad de su día a día.

 

* Reportaje realizado en República Dominicana durante el año 2022
Un proyecto de fotografía documental, sobre vulneración de derechos humanos y esclavitud en nuestra era

 

David Naval es un fotógrafo documental que realiza proyectos fotográficos y multimedia sobre temas de derechos humanos, crisis climática y medio ambiente y las relaciones cotidianas de los seres humanos.

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